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La creciente demanda mundial de cobre, impulsada por la electrificación, la inteligencia artificial, la digitalización, la expansión de los centros de datos,  la transición energética, abre una ventana estratégica para América Latina. Perú y Chile concentran una posición privilegiada, pero deberán acelerar sus inversiones y proyectos para aprovecharla antes de que otros productores ocupen ese espacio.

Ese fue el mensaje central de René Muga, VP Asuntos Corporativos para América Latina de BHP, en el marco del NWC “El Futuro de la Minería Latinoamericana: Visión y Estrategias de BHP” organizado por la Cámara de Comercio Canadá Perú, el 3 de setiembre.

De acuerdo con las estimaciones mencionadas por BHP, la demanda mundial de cobre podría aumentar alrededor de 70% hacia 2050, lo que supone un crecimiento promedio anual de entre 2,5% y 3%.

Este es un gran desafío para la oferta global al observar las necesidades de nueva producción. Para acompañar ese crecimiento de la demanda, el mundo tendría que incorporar aproximadamente una nueva gran mina de cobre cada dos años.

El cobre, por tanto, no solamente es un metal importante para la industria actual. Se está convirtiendo en un insumo esencial para el funcionamiento de la economía del futuro.

 Para América Latina, esta tendencia representa una oportunidad histórica. La región cuenta con algunos de los principales recursos cupríferos del planeta y puede convertirse en uno de los grandes proveedores del metal que requerirá la economía del futuro. Sin embargo, aprovechar esta oportunidad demandará acelerar las inversiones, desarrollar nuevos proyectos y generar condiciones que permitan transformar la riqueza mineral en crecimiento económico y desarrollo social.

 El problema es que esa oferta adicional todavía no se observa con la velocidad necesaria, destacó Muga. Los largos períodos de desarrollo de los proyectos mineros, los crecientes requerimientos de inversión y los desafíos regulatorios y sociales hacen cada vez más complejo responder oportunamente a la demanda futura.

 Electrificación, inteligencia artificial y transición energética

 La transformación tecnológica está detrás de buena parte de este crecimiento. La expansión de las redes eléctricas, los vehículos eléctricos, las energías renovables, los sistemas de almacenamiento, los centros de datos y la infraestructura asociada a la inteligencia artificial requieren grandes cantidades de cobre.

 A ello se suma un factor de enorme relevancia: el crecimiento económico de países que todavía presentan niveles relativamente bajos de consumo de cobre por habitante.

 Los países desarrollados, como Alemania, Estados Unidos y Japón, han acumulado a lo largo de su proceso de industrialización un stock cercano a los 260–280 kilos (kg) de cobre por habitante. Actualmente continúan utilizando entre 5 y 8 kg/habitante al año.

 China, en cambio, ha acumulado alrededor de 110 kg/habitante y consume aproximadamente 10 kilos anuales. Esto demuestra que todavía existe un importante espacio para incrementar el uso del metal a medida que continúa su proceso de desarrollo.

 La brecha es aún mayor en otras regiones. América Latina registra un stock acumulado aproximado de 45 kg/habitante y un consumo anual de entre 2 y 3 kilos. India, con una población superior a los 1.300 millones de habitantes, apenas alcanza alrededor de 12 kilos acumulados por habitante y consume menos de un kilo anual.

 África presenta una situación similar: con una población también cercana a los 1.300 millones de habitantes, registra aproximadamente 15 kilos acumulados por habitante y un consumo anual inferior a un kilo.

 En conjunto, India y África representan unos 2.600 millones de personas, más de un tercio de la población mundial, con enormes necesidades de infraestructura, electrificación y desarrollo económico. Su crecimiento puede traducirse en un aumento significativo de la demanda de cobre durante las próximas décadas.

 América Latina frente al desafío y la oportunidad única

Para el especialista, este escenario coloca a América Latina en una posición privilegiada. Perú y Chile, dos de los principales productores mundiales, representan conjuntamente alrededor del 35% de la producción global de cobre. Argentina, por su parte, posee importantes recursos y una cartera de proyectos que podría permitirle convertirse en un nuevo actor relevante.

 La región tiene, por tanto, la posibilidad de convertirse en uno de los principales proveedores del cobre que necesitará el mundo.Sin embargo, no es la única.

 La producción mundial está distribuida entre numerosos países y nuevos actores están aumentando rápidamente su participación. Un ejemplo significativo es la República Democrática del Congo, cuya expansión productiva le ha permitido desplazar a Perú del segundo lugar entre los mayores productores mundiales del metal rojo.

 El verdadero desafío para América Latina será transformar esta oportunidad minera en una plataforma de desarrollo sostenible, pues la ventaja geológica por sí misma no lo garantiza. Y no se trata únicamente de producir y exportar más cobre. La expansión de la minería puede generar empleo, inversión, infraestructura, innovación, encadenamientos productivos y mayores ingresos para los países productores.

 Para lograrlo será necesario construir una visión de largo plazo que articule a gobiernos, empresas, comunidades, inversionistas, universidades y centros de investigación.

 La minería puede convertirse nuevamente en un motor de crecimiento económico y desarrollo social, pero para ello se requiere avanzar en nuevos proyectos, mejorar la competitividad, fortalecer la institucionalidad y generar condiciones de mayor certeza para las inversiones,  enfatizó Muga.

Una carrera que ya comenzó

 El mundo necesitará más cobre. La pregunta ya no es si la demanda crecerá, sino quién estará en condiciones de abastecerla.

 Perú, Chile y otros países latinoamericanos tienen una ventaja extraordinaria: cuentan con recursos minerales de clase mundial. Pero esa ventaja debe transformarse en proyectos concretos y producción. La ventana de oportunidad está abierta, pero no permanecerá indefinidamente.

 En las próximas décadas, el cobre será uno de los metales que sostendrán la electrificación y la transformación tecnológica del planeta. América Latina tiene la posibilidad de ocupar un lugar central en esa nueva economía. 

El desafío es convertir la riqueza geológica de la región en una oportunidad de desarrollo para sus sociedades. Y, para ello, el momento de actuar es ahora.

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