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(15-Nov-2018) La minería debe asumir su papel como agente de cambio para el bien –y contar la historia de cómo lo hace mejor–, si quiere seguir compitiendo por la inversión en capital y en talento en el largo plazo. Todo esto en un contexto que tiende hacia la inversión ética y sostenible.

Ese fue el poderoso mensaje que abrió la Conferencia Internacional de Minería y Recursos 2018 [International Mining and Resources Conference, IMARC] en Melbourne, por parte del CEO del Consejo Internacional de Minería y Metales [ICMM por sus siglas en inglés], Tom Butler.

Además de haber evidencia que la minería es una fuerza para el progreso social, especialmente en los países a menudo más pobres, altamente dependientes de la minería, el movimiento de la inversión ética es otro cambio al que se está adaptando la minería, dijo Butler.

Las fuerzas que impulsan ese cambio son similares a las que impulsan los cambios fundamentales en la forma en que operan las minas: las expectativas de las comunidades y la tecnología.

Hoy se ve una convergencia entre las demandas de los consumidores, las comunidades y las ONG que los defienden, y los inversionistas. “Esta convergencia se refleja, por ejemplo, en la cantidad de fondos que aplican los criterios de Inversión Sostenible y Responsable, que The Economist comentó recientemente pasó de US$ 13 a US$ 23 billones en tan solo 4 años”.

“Hace veinte años, habría sido difícil imaginar que Apple algún día sería un motor más importante para las mejoras de ESG en la minería que Greenpeace, o que los inversionistas exigirían datos más precisos sobre el desempeño social que Oxfam”, dijo Butler. [ESG= criterios ambiental, social y gobernanza –por sus siglas en inglés]

Si bien, “la minería tiene una relación compleja con el cambio climático”, gran cantidad de diferentes metales se requerirán para respaldar las tecnologías verdes para cumplir con los objetivos de emisiones globales. Por ejemplo, se pronostica que serán necesarias 20 Mt de cobre solo para las tecnologías collar, viento y baterías para cumplir con el escenario de 2 grados, lo cual equivale aproximadamente a un año de suministro global total, dijo Butler.

“Pero no es suficiente que digamos eso; también debemos asegurarnos de que estamos tomando todas las medidas posibles para maximizar el uso de nuestra propia energía renovable, y de que nuestras operaciones sean tan eficientes energéticamente con la menor huella de carbono como sea posible. La industria comenzó a hacer eso, pero todavía tiene un largo camino por recorrer”.

Para Butler, el sector minero tiene un papel fundamental que desempeñar en el esfuerzo de sostenibilidad. “Podemos elegir si liderar o ser seguidores. Creo que los líderes serán recompensados con el acceso a finanzas, proyectos y mercados en términos más razonables”. “También es hora de que contemos mejor nuestra historia. Las personas fuera de nuestro sector en gran medida no comprenden nuestra contribución, el importante papel que tendremos que jugar en la descarbonización del planeta y en ayudar a los países a desarrollarse. Y contar nuestra historia mejor, nos ayudará en atraer a la próxima generación de talentos que necesitamos de manera crucial”.

“Y es hora de abrazar el nuevo contrato social, lo que significa repensar nuestros modelos de asociación y cómo colaboramos y cómo nos relacionamos con los consumidores, la sociedad civil y nuestras comunidades anfitrionas. Si podemos hacer esas tres cosas, estaremos bien equipados para enfrentar el futuro”, concluyó.

LA RENTABILIDAD VA DE LA MANO CON SOLIDAS PRACTICAS AMBIENTALES, SOCIALES Y DE GOBERNANZA

En la misma línea de Tom Butler, Namrata Thapar, Directora Global de Minería de IFC (brazo financiero del Banco Mundial), señaló que, para ser considerados éticos, los inversionistas deben sopesar el impacto de su actividad, en el desarrollo, la sostenibilidad y la rentabilidad en partes iguales.

“Desde mi punto de vista, la rentabilidad y las sólidas prácticas ambientales, sociales y de gobernabilidad van de la mano”, dijo durante IMARC.

La IFC ha visto un mayor énfasis en la sostenibilidad desde el sector de los recursos naturales. Esto significa que los inversionistas se han dado cuenta cada vez más, que la gestión de los riesgos ambientales, sociales y políticos, protege el valor de los accionistas a largo plazo y mitiga los riesgos comerciales y de reputación, y esto influye cada vez más en las decisiones de inversión.

Este entorno ha creado un nicho para fondos e instrumentos financieros que permiten a los inversionistas éticos ganar exposición frente al sector. Según la Sra. Thapar, lo que buscan estos inversionistas varía, pero el principio general es que las inversiones no afecten negativamente a la sociedad ni al ambiente y, en la medida de lo posible, tengan un impacto positivo.

Lo que estos fondos o inversionistas consideren ético en el sector minero, variará. En algunos casos, puede significar una inversión dirigida a los productores de litio que se utilizará en baterías, para respaldar la tendencia de la energía verde; o como el cobalto, un ingrediente de los automóviles eléctricos. También ha habido una adopción gradual de soluciones de energía renovable para minas, especialmente sistemas fotovoltaicos solares híbridos”, dijo la alta funcionaria.

“Caminar el camino es increíblemente importante, ya que los gobiernos, las comunidades y los grupos de la sociedad civil hacen que las empresas rindan cuentas sobre sus políticas corporativas y compromisos públicos·.

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